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  1. sábado, 8 de septiembre de 2012



    Si contemplas esta obra con atención te vas a volver loco/a. Según Escher todo es relativo, y aquí lo demuestra fehacientemente. Si alguien te dice que en un mismo tramo de escalera dos personas, colocadas en el mismo sentido de marcha, una sube y la otra baja, lo considerarías imposible. Pues aquí lo tienes representado. Es como si fuesen dos mundos distintos pero juntos, dos dimensiones en una.
    Realmente es mareante comprobar como un tramo de escalera es utilizado por sus dos partes, arriba y abajo ¡ y sin embargo las dos personas bajan !.
    Todo se mezcla, arriba-abajo, frontal-lateral, etc. La ausencia de color (es una grisalla) y el rayado de las superficies consigue aumentar el efecto de confusión que la obra nos produce.
    Auténticamente original y sorprendente, así es Maurits Cornelius Escher, poco conocido en general pero muy popular entre los matemáticos por su prodigioso tratamiento de la geometría y de la perspectiva. Su especialidad es engañar nuestros sentidos. Cuando contemples sus obras vas a dudar de lo que es adelante-atrás, arriba-abajo, cóncavo-convexo, o izquierda-derecha, te va a parecer que contemplas un imposible, que tus ojos no ven bien o que debes volver a ver Barrio Sésamo. Su genialidad reside en confundir totalmente al observador mediante la presentación de situaciones extrañísimas pero tratadas con aparente normalidad. Según él, sus obras consisten básicamente en la "división regular del plano" y en la convivencia simultánea, aparentemente imposible pero real, de conceptos antagónicos como dentro-fuera, cóncavo-convexo, arriba-abajo, etc.
    Con Escher la lógica que creemos dominar queda hecha pedazos. Cuando miramos sus cuadros volvemos a ser niños aprendiendo lo más primario, pues nos obliga a realizar un esfuerzo adicional para comprender los engaños visuales, las perspectivas imposibles y los planos cambiados. Vemos escenas que nos dejan estupefactos.
    Nació en Holanda en 1898 y en 1922 vino a España, visitó primeramente Tarragona y después Granada, donde quedó fascinado por los alicatados geométricos de La Alhambra. Le sirvieron de inspiración, si bien los motivos musulmanes eran solamente geométricos (el Coran prohibe representar animales y personas) y los de Escher van a reflejar tanto motivos geométricos como figurativos. Crea entramados con diferentes figuras que confunden y maravillan al espectador.
    En realidad, Escher no se dirige con sus obras a la parte racional y lógica de nuestro cerebro, sino al mundo onírico del subconsciente. La imaginación vence a la razón, su mundo mágico es, pese a todo, perfectamente real y creíble.

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